ASOCIACIÓN DE SIDRERÍAS DE LA CALLE GASCONA DE OVIEDO

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Oviedo pierde

June 6, 2019

 

 

 

Oviedo necesita decidir si quiere ser una ciudad viva o muerta. El envejecimiento de la población, la emigración y la salida a ciudades dormitorio y distritos residenciales de las afueras está dejando al centro y al casco urbano muy pobre de movimiento. Si a eso añadimos los cambios de los hábitos de compra y el creciente comercio electrónico a gigantes de la distribución, nos da como resultado una ciudad con centros y ejes comerciales vacíos de tiendas.

 

Uno de los grandes atractivos de una ciudad, de Oviedo también, más allá de su emplazamiento y tesoros arquitectónicos, son sus museos, su comercio y su oferta hostelera. Desde una perspectiva local, Oviedo siempre fue centro, capital, ciudad de comercio y servicios referente para toda Asturias. Desde Gascona reivindicamos, con nuestro mercado mensual de La Gascuña, esa importancia del comercio, del encuentro de los vecinos para adquirir productos de nuestro entorno cercano, elaborados de manera tradicional. Productos gastronómicos sostenibles, que fijan población en el campo asturiano y que están muy necesitados de escaparates.

 

Gracias a nuestro mercado mensual, los oventenses pudieron conocer nuevos productores y consumir más productos sanos, naturales y casi kilómetro cero. Eso significa modernidad. Apostar por los autónomos y las pequeñas empresas productoras y comercializadoras frente a los grandes productores y distribuidores mundiales. Apostar por lo ecológico es modernidad y futuro. Y también significa modernidad y progreso el reivindicar la identidad de los productos asturianos y ofrecer a los vecinos de Oviedo y a los visitantes lo mejor. Porque esos productos identitarios hacen que nuestra oferta sea única y con ellos, además, damos continuidad a la cultuta de sembrar y cosechar los productos que durante siglos nos dieron de comer, que fueron y son los pilares fundamentales de la gran gastronomía asturiana. Y también de la economía de nuestra tierra.

 

Desde una perspectiva global, uno de los principales problemas que sufren las urbes del siglo XXI es que todas ofrecen las mismas ofertas gastronómicas y comerciales: la uniformidad. El visitante encuentra lo mismo en todas partes. Parece cómodo. Pero en realidad ese modelo de ciudad (importado de Estados Unidos) acaba con mucha riqueza y variedad local, y con muchas nuevas experiencias que vivir. Si queremos que Oviedo no sea una ciudad más, necesitamos ofrecer un comercio y una hostelería vital, diferenciada, rica, variada y única.

 

La opinión de los vecinos

 

Un mercadillo en la calle ¿puede generar molestias a los vecinos? La respuesta es que no. ¿A quién puede molestar un mercado que se desarrolla un domingo al mes de 11 de la mañana a 3 de la tarde? ¿En la ciudad de Oviedo no son bien recibidos los campesinos, ganaderos y artesanos que vienen a enseñar y vender sus productos y que no generan ruidos, ni conflictos? Entre los vecinos y residentes de la calle Gascona hay una mayoría que están encantados con la celebración del mercado y otros, una minoría, a los que les molesta su existencia. Los que sienten molestias por este mercado y han denunciado su realización deberían de sentir vergüenza del resultado de su acción.

 

Desde la Asociación de Hosteleros de la calle Gascona hemos buscado siempre el entendimiento con los vecinos y actuado con el fin de mejorar nuestras actividades en el beneficio de todos. Siempre estamos abiertos a escuchar, dialogar y mejorar. Hay otros canales de comunicación al margen de los tribunales. Tal parece que hay vecinos de nuestra calle a los que les molesta que exista Gascona como eje hostelero. A todos los vecinos de Oviedo les puede llegar a molestar algo de su entorno. A algunos de San Lázaro les molesta tener un albergue de transeuntes, a otros de la Ería tener fútbol cada quince días, a otros de Ciudad Naranco tener un distrito estrangulado por las vías de tren, a los de General Elorza tener ruido de tráfico o a otros, los de Villaperi, tener una planta depuradora de residuos. Todos los residentes de la ciudad disfrutamos de unos servicios beneficiosos y convivimos con unos inconvenientes unidos a esos servicios por asentarnos en una urbe. Así es la vida en comunidad. No es posible que todos tengamos la satisfacción plena.

 

Queremos respetar las normas.

 

Sabemos bien que la función principal de los hosteleros de Gascona no es organizar mercados, es ofrecer una oferta hostelera de calidad. Y la ofertamos. Pero hace años que decidimos ser un motor de actividades culturales y sociales paralelas a la cultura de la sidra y a la cultura gastronómica asturiana. Y también al ocio, a la música y al baile de nuestra tierra. Con la organización de esas actividades culturales Gascona no gana dinero, al contrario, invierte parte de sus beneficios. Y en los duros momentos de la reciente crisis económica seguimos invirtiendo y apostando por dar vida y actividades culturales a la ciudad de Oviedo. Incluso cuando las administraciones públicas dejaron de invertir en estos campos.

 

Estamos orgullosos de apostar por lo nuestro, de hacer cosas, y no entendemos que, desde abril de 2014, cuando nació el mercado de La Gascuña, las sucesivas corporaciones de la ciudad no fueran capaces de hacer nada eficaz para elaborar una nueva normativa reguladora que nos amparase, una nueva Ordenanza de venta ambulante –no pasaron de redactar un borrador que duerme la siesta en un cajón–, que actualice a la vigente, que se ha quedado obsoleta y superada por las nuevas iniciativas de la ciudad. Entendemos que lo que cabe esperar de las personas que se dedican a la política, –a administrar lo que es de todos, lo público–, es la más alta capacidad de trabajo para atender las demandas de la sociedad. Por desgracia no ha sido así.

 

Los reveses que hemos sufrido en los tribunales, y que van a impedir la celebración futura de nuestro mercado, suponen la aplicación de la norma al caso concreto que se somete a la justicia. Pero la norma puede –y entendemos que debe– cambiar. Y eso es lo que pedimos a la corporación que acaba de salir de las urnas: que cambien las normas, que las actualicen, para poder dar vida a nuestra ciudad. Se da la paradoja de que, en base a la normativa vigente, según los informes municipales, se pueden autorizar mercados ocasionales y para la venta o muestra de objetos de una determinada clase. Pero no caben nuevos mercados periódicos de venta de objetos de diferentes clases. ¿Tiene sentido mantener esta norma? El Ayuntamiento de Gijón organiza un mercado de productos ecológicos mensual.

 

Queremos sumar, queremos futuro.

 

El mercado de El Fontán cumple una misión histórica y es referencia de mercado con puestos ambulantes desde que Oviedo es Oviedo, los jueves, sábados y domingos. Pero hemos demostrado que no es el único que cabe en la ciudad. En Gascona conseguimos impulsar y asentar otro con éxito de público, que complementa al rastro y mercadillo dominical, que cubre un hueco que deja el merecido descanso semanal de los comerciantes y que permite ofrecer a la ciudadanía y a los turistas que nos visitan un domingo productos gastronómicos de nuestra tierra y buenas experiencias. Porque todos lo hemos vivido alguna vez: no hay nada menos atractivo que llegar a una ciudad como visitante con todo el comercio cerrado.

 

Por desgracia, a día de hoy, Oviedo es una ciudad con poca industria, con un comercio en declive, con una Universidad con menos alumnado cada curso. Una ciudad que está viviendo el cierre del ciclo económico que supuso la primera industralización de Asturias y la explotación de las minas de carbón. Una ciudad descolocada, con grandes y costosos equipamientos sin uso, pero también con mucho potencial que necesita renovación e impulsos.

 

El Oviedo decimonónico no va a volver. El creciemiento de los años 70 del siglo XX no va a volver. Pero vendrán otras oportunidades, si sabemos aprovecharlas. Oviedo necesita ideas nuevas, iniciativas en muchos campos. Y tiene que apostar por el sector turístico como motor de su economía. Pero desde el consistorio se tienen que favorecer esos cambios, esas ideas nuevas que permitan un cambio de ciclo económico y social.

 

Todos los visitantes de Londres, Lisboa, Madrid o Barcelona, recuerdan sus experiencias en los múltiples mercados y mercadillos de calle dominicales. Puntos de encuentro, de actuaciones musicales, zonas de ocio, de comercio y de hostelería. Zonas donde artesanos, productores y creadores contactan con el público. En la era del e-comerce, los mercados y mercadillos tradicionales y de calidad tienen más importancia que nunca. Son únicos. Duran unas pocas horas y hay que vivirlos. Añaden interés y dan valor a las ciudades.

 

Los Hosteleros de Gascona queremos un Oviedo vivo. Con cosas que hacer y que ver también los domingos. Pero hay normas que nos impiden conseguirlo. Y sabemos que las normas están para respetarlas. Pero tienen que ser justas. Y también pueden adaptarse a las nuevas realidades que tienen que regular. Levantar un evento de la nada cuesta mucho trabajo y dedicación. Acabar con él es mucho más fácil.

 

La calle Gascona pierde su mercado de La Gascuña y, con él, Oviedo también pierde: atractivo, centralidad, servicios, modernidad y una gran oportunidad. Y esta pérdida nos da mucha pena como carbayones que somos, como ovetenses que trabajamos y vivimos en esa Vetusta que, visto lo visto, duerme la siesta mientras el progreso escapa.

 

 

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